jueves, 10 de mayo de 2012

Sobre recortes y lo que no se puede recortar

Aumento de las horas de docencia, eliminación de la red Centros de Profesores, bajada de sueldo, reducción del pago de itinerancias, eliminación de los apoyos en Educación Infantil, aumento de ratios, eliminación de un número mínimo de alumnos para mantener abierta una escuela rural, recortes al transporte y comedor, etcétera.



Como gota malaya cada una de estas medidas va horadando la calidad del sistema educativo público en Castilla-La Mancha. Y nunca un etcétera sumó tanta incertidumbre y temor. No sabemos lo que está por venir y su alcance. Entre otras cosas, aún nadie de la Consejería ha dicho nada del modelo de orientación. Igual ni siquiera saben que existimos los orientadores.

Esa es una de las teorías sobre lo que está sucediendo. Que no tienen ni idea de cómo funciona esto y van recortando a medida que van descubriendo cosas nuevas (para ellos). De ahí la torpeza, opacidad y ausencia de explicaciones en la ejecución de las medidas. También circula la teoría según la cual van dejando caer los recortes de uno en uno para que se duela menos. Y claro, también está la teoría oficial: no hay dinero y las medidas son inevitables para no caer en la quiebra. Yo creo que las tres teorías son ciertas y perfectamente compatibles.

El caso es que entre recorte y recorte me ha dado tiempo a hacer un poco de autocrítica, ejercicio tan sano como poco habitual.

1º. Yo ya no hablo de lo que queda "después de los recortes", sino de lo que teníamos "durante del despilfarro". En Andalucía, por ejemplo, que ahora se erige como baluarte de la calidad de los servicios públicos, no han aumentado las horas de docencia ni han eliminado los apoyo en Infantil... porque ellos nunca han tenido esos apoyos y nunca han bajado de 20 y 25 horas de docencia en Secundaria y Primaria respectivamente. Construimos un sistema educativo con una serie de servicios financiados con el dinero que generó un modelo de crecimiento irreal y desproporcionado. Nadie se preguntó en aquellos años felices si iba lo que estaban montando iba a ser sostenible a medio-largo plazo. Y ahora estamos pagando esa tremenda falta de previsión y de responsabilidad.

2º. Las medidas que se diseñaban como mejoras de la calidad sirvieron, en muchos casos, sólo para mejorar las condiciones laborales del profesorado. Sería injusto generalizar, pero algo hay de verdad en que, por ejemplo, esas dos horas lectivas que se quitaron y ahora han vuelto, no siempre se utilizaron para mejorar la calidad del proceso de enseñanza. Los portátiles para los docentes no han significado necesariamente un mayor uso de las nuevas tecnología en el aula. La multiplicación de orientadores en los colegios no se ha traducido siempre en una multiplicación de la eficiencia de nuestra labor. En resumen, la necesaria mejora de la inversión en educación en época de bonanza no se ha visto reflejado como debía en una mejora de la procesos y de los resultados.

Igual esta crisis terrible nos sirve para centrarnos en lo esencial. Y no me refiero a esos servicios esenciales de los habla el gobierno, sino lo esencial de la profesión de educar. Yo creo que la calidad educativa depende de la inversión, pero no sólo de la inversión, también de la calidad humana y profesional de quienes damos vida al sistema de educación público. Ese es el gran valor de nuestro sistema educativo y eso no lo puede recortar nadie, salvo uno mismo.

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